lunes, 23 de febrero de 2009
En el retrovisor
No sé porque, pero el momento en el que arranco mi carro, al salir de mi casa, con cualquier rumbo, se que será el momento con el que dividiré mis etapas en la vida. Recordare mi imagen reflejada en el retrovisor con mas, o con menos, arrugas en la frente. Mi posición será la misma, pero mi destino seguramente no. Mi vestuario será diferente, pero mi estilo será el mismo. Quisiera poder decir que incluso mi carro será el mismo, pero, si soy lo suficientemente optimista, sé que no será así. Es uno de esos momentos mínimos en los que simplemente se define nuestras vidas. ¿Que día pasa sin que salgamos de nuestras casa con algún destino, alguna tarea que cumplir? Siempre es igual, y siempre, en estos momentos, sabremos qué tan dispuestos estamos a afrontar lo que se viene. Como en un día de aire cálido con olor puro luego de la típica lluvia nocturna. Una calle tranquila, con los carros del otro lado de mi calle, subidos a medias en la vereda. El Fiat, con su retrovisor chueco, esperando el siguiente paseo; y si el bolsillo lo permite, un poco de gasolina. En ese instante, al cerrar la puerta y poner la mano sobre la palanca de cambios, mi vida se para, toma un respiro, y sigue adelante.
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